EL MITO DE LA IZQUIERDA SE CAE DE MADURO

3 abr.

 

 

La situación social y económica de Venezuela, tras 14 años de gobierno
chavista y poco más de un año de gobierno madurista, no podía arrojar
más que los resultados que estamos viendo hoy. Es necesario entonces
hacer un repaso histórico para contextualizar el presente estallido
social. — Esta sucesión de gobiernos “socialistas” y su crisis actual
sólo puede entenderse y denunciarse a sabiendas de que el socialismo
del que se habla es, sin lugar a dudas, un “socialismo” burgués. Es la
socialdemocracia instaurando sus gobiernos “obreros”, reivindicando la
soberanía nacional, la defensa de la economía nacional, pretendiendo
gobernar para la clase a la que aplasta. Así, con estatizaciones, una
gran renta proveniente del petroleo, una enorme burocracia, mucho
nacionalismo y populismo, y palos y migajas para la mayoría del
proletariado, se gesta la revolución bolivariana, constituyéndose
Venezuela en el bastión del tan de moda Socialismo del Siglo XXI(sobre
el que ya hemos tenido oportunidad de hablar en el nro. 7 de La Oveja
Negra).
Ahora bien, el hecho de que los medios de producción sean estatales o
no, no cambia nada. A los proletarios no nos hace ninguna diferencia
que quien nos explote sea un dueño particular, el gobierno nacional o
una multinacional. El Capital no posee un único método para
reproducirse, utiliza aquél que le sirve a los fines de una mejor
reproducción, a su propia valorización. En este sentido, si utiliza el
intervencionismo estatal y la lógica pseudo “socialista” sólo lo hace
en las ocasiones en que le resulta beneficioso, en tanto concilia los
intereses antagónicos de las clases y le permite continuar
desarrollándose, ampliándose y utilizando a la población con la excusa
del crecimiento de la economía nacional. Como una gran falacia, el
“socialismo” burgués pretende que exista el socialismo en un sólo
país, lo cual en tanto interés nacionalista (regional, parcial) no
puede ser más que interés de la burguesía que apunta a la atomización
del proletariado. Sea bajo la forma que sea, todo Estado es
imperialista. Toda disputa o alianza entre Estados no es más que la
consecuencia del desarrollo de las economías nacionales, es decir, de
intereses burgueses particulares y nunca intereses del proletariado.
Las crisis de Venezuela siempre fueron asociadas, tanto por Chávez
como por Maduro, a intentos de golpes de Estado o complots yankees, y
codificadas como la lucha contra la derecha o el “imperialismo”. En
coherencia absoluta, el discurso de Nicolás Maduro reitera que
enfrenta un “Golpe de Estado”, que sería similar a lo sucedido en
abril del 2002 con Hugo Chávez. La falsa dicotomía país
socialista-potencia imperialista que denunciábamos más arriba se
desnuda a su vez en los acuerdos comerciales entre dichos países. La
búsqueda de ganancia, así como en otros contextos la necesidad de
reprimir al proletariado en momentos de gran convulsión social, obliga
a buscar algún nuevo vericueto discursivo para justificar alianzas y
medidas. Así lo demuestran las medidas adoptadas por el chavismo
frente a la producción de petróleo en su territorio.
Después del paro petrolero en 2002, el gobierno encabezado por Chávez
se propuso recuperar las empresas petroleras del país. A partir del
año 2005 se emprenden una serie de acciones para recuperar la Faja
Petrolífera del Orinoco, considerada como el mayor depósito de
hidrocarburos del planeta. Ya en 2007 se decreta la Ley 5.200, que
instituye la nacionalización de la Faja. Se conforman numerosas
empresas mixtas petroleras, en las que el Estado venezolano obtiene la
mayoría accionaria mediante su empresa estatal de petróleo y gas
natural Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima (PDVSA), recobrando de
este modo el control -y gran parte de las regalías- de las empresas
que estaban en manos de capitales internacionales.
A pesar de la exagerada y descabellada propaganda mediática contra el
imperialismo estadounidense, un gran aliado en la conformación de
estas empresas mixtas fue la multinacional Chevron, conocida por el
desastre medioambiental que generó en Ecuador. Los defensores del
“Socialismo del siglo XXI” como todos los defensores del capitalismo
siempre tienen una justificación para estos negociados, cuando no es
“estratégico” es simplemente “necesario”. En Venezuela el petroleo
constituye la primordial fuente de ingresos. Los destinos de sus
barriles de crudo son principalmente Estados Unidos y en menor medida
Europa y algunos países latinoamericanos.
Los acuerdos económicos de las petroleras son disfrazados con
discursos que apuntan a la <<soberanía petrolífera>> y a la promoción de
las Misiones Sociales. Éstas surgen como iniciativa del gobierno
nacional bolivariano y constituyen un conjunto de medidas para atender
a los sectores populares del país. Su aparición ocurre dentro de un
clima de conflicto social y económico, cuyos momentos más álgidos
fueron el intento de Golpe de Estado en abril de 2002, el Paro
petrolero de diciembre del mismo año y el Referendo Revocatorio de
agosto de 2004. Al día de hoy, las empresas mixtas son reconocidas y
vanagloriadas por <<fortalecer la seguridad social del país>> cuando
crece el presupuesto asignado a las Misiones.
Si Venezuela consiguió durante mucho tiempo limitar el deterioro es
porque su fuerza de choque petrolera le confiere una ventaja comercial
y monetaria importante. Pero ésta no basta para garantizar la
estabilidad de la moneda y la fuga de capitales, sumado a que la
redistribución de la renta petrolera presentaba un riesgo
inflacionario, hoy confirmado. Durante las últimas cuatro semanas el
gobierno de Maduro anunció, prácticamente día tras día, nuevas medidas
que prometen remediar la inflación y el desabastecimiento. Pero más
allá de las apasionadas discusiones entre el gobierno y la oposición,
el descontento se vivió en la calle.
Cuando la zanahoria se pudrió…
Ahora que todo estalló, que la inflación en Venezuela es la más alta
de América Latina, que este gran cúmulo de hombres y mujeres arrojados
a la miseria y sometidos al desabastecimiento y al hambre han salido a
la calle, ya no puede dibujarse la situación con paliativos basados en
medidas populares. Recientemente Maduro optó por decisiones similares
con el objetivo de hacerle frente a lo que él denomina <<guerra
económica>> o <<sabotaje económico de facciones apátridas>>. Estas
medidas, que van desde la Ley Habilitante de costos y precios justos,
pasando por un nuevo sistema de subsidios para adquirir productos de
primera necesidad, hasta la implementación de un nuevo sistema
cambiario y la re-estructuración de la administración de las divisas
en el país, apuntan al intervencionismo y a la estatización para
reforzar la economía nacional. Tampoco servirán las disparatadas
propagandas oficiales, movilizaciones pro-Maduro o las navidades y
carnavales adelantados. Es momento entonces de mirar más de cerca qué
es lo que sucede con el golpeado proletariado que habita la región
venezolana.
El 4 de febrero se desataron protestas estudiantiles que tuvieron su
génesis en la agresión sexual a una estudiante en la Universidad
Nacional Experimental del Táchira. Algunos días después, el 12 de
febrero, una manifestación estudiantil en Caracas desató una serie de
revueltas en el país. Lo que comenzó como un reclamo estudiantil
frente a la situación de inseguridad terminó con represión estatal y
un saldo de 14 estudiantes detenidos. Las consiguientes protestas por
la liberación de esos estudiantes fueron las que desataron la tensión
que venía acumulándose en el contexto de la crisis económica, la
situación de escasez de bienes de primera necesidad y de servicios
básicos, así como el comienzo de la aplicación de un paquete de
medidas económicas por parte del gobierno. Las manifestaciones se
propagaron por otras ciudades, especialmente Mérida, Táchira y
Trujillo y fueron igualmente reprimidas por la Guardia Nacional
Bolivariana (GNB) y el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional
(SEBIN), además de los famosos grupos paramilitares financiados
indirectamente e impulsados directamente por este Estado.
En este contexto, parte de la oposición, como los partidos encabezados
por María Corina Machado y Leopoldo López, quisieron sacar provecho de
la situación y llamaron a movilizar exigiendo, entre otras cosas, la
renuncia de Maduro, en un intento de canalizar las protestas,
legalizarlas, politizarlas. A su vez, los demás partidos opositores
que forman la Mesa de la Unidad Democrática, especie de amalgama
socialdemócrata, progresista cristiana, reformista, liberal (y
podríamos seguir…) que constituye la principal oposición de Venezuela,
se opusieron abiertamente a las protestas y realizaron un llamamiento
a abandonar las movilizaciones durante tres días. Éste fue desoído por
la gente que continuó en la calle, superando así la parcialidad de
unos y la pasividad de otros, generalizando la protesta por gran parte
de Venezuela.
Las movilizaciones se extendieron a muchos puntos del país y fueron
convocadas en su mayoría mediante “redes sociales”. A su vez, en cada
zona las opiniones y razones que impulsaron las movilizaciones varían.
En el caso de Caracas fueron protagonizadas especialmente por sectores
de clase media y universitarios, y los pedidos versaron sobre
cuestiones políticas, como la renuncia de Maduro y la modificación del
modelo social y económico. Al interior del país se sumaron sectores
populares a la protesta, incorporando demandas sociales tales como la
crítica a la inflación, la escasez y la falta de servicios básicos.
Luego de algunos días de relativa calma, el sábado 22 de marzo se
reanudaron las manifestaciones y los enfrentamientos entre
simpatizantes oficialistas y fuerzas opositoras. Esta jornada de
marchas y contramarchas derivó nuevamente en disturbios y registró
numerosos detenidos y tres fallecidos.
Las razones de la protesta van desde demandas en salud, vivienda, y
abastecimiento de bienes de primera necesidad, hasta reclamos por la
inseguridad. Sin embargo, estas jornadas de protesta, al margen de sus
razones verbalizadas, de sus consignas en muchos casos limitadas,
fueron crítica práctica y apuntaron a la destrucción de los símbolos e
instituciones del Estado y del Capital. Hubo embestidas contra sedes
de partidos políticos, tanto opositores como oficialistas; ataques a
sedes de instituciones estatales y patrullas del Cuerpo de
Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (principal
órgano estatal de investigaciones penales). Además se registraron
arremetidas al Hotel Venetur (de propiedad estatal) y asedios
prolongados a la cadena de televisión pública Compañía Anónima
Venezolana De Televisión (VTV). En Táchira hubo ataques contra la sede
de la Fundación de la Familia Tachirense, en el municipio de Chacao
contra el Banco Provincial y el Banco Venezuela, y en Barquisimeto, a
la sede de la Compañía Anónima Nacional Teléfonos de Venezuela
(CANTV).
Ninguno de estos ataques es salvaguarda frente a la posible
codificación de las protestas hacia el pedido de reformas parciales,
pero las movilizaciones, guarimbas (barricadas urbanas) y arremetidas
por parte del proletariado de la región venezolana denuncian con palos
y furia, una vez más, la inhumanidad del Capital, de su faceta
democrática y sus partidos, de sus medios de comunicación, su brazo
represivo y sus fuerzas de choque. Esta y otras revueltas de las que
somos testigos, que suceden en diversos lugares y aparentemente por
motivos distintos, si bien muchas veces resultan efímeras, poseen una
conexión de intereses y de lucha contra la explotación, como la
respuesta más humana contra la civilización, como crítica práctica
contra el orden y sus representantes, como muestra del intento de
imponer las necesidades humanas frente a las del mercado y las
relaciones sociales capitalistas.
Y, como siempre, cuando la zanahoria se pudre… sólo queda repartir
palos. El brazo armado del Estado, defiende con prisión y tortura su
incuestionable propiedad privada. La represión por parte de la GNB, la
SEBIN y grupos paramilitares logra disolver algunas protestas al mismo
tiempo que desata otras. La represión sin miramientos, la detención y
tortura, la militarización de la ciudad de Táchira, los allanamientos
ilegales, entre otras, han sido la respuesta preferida del Estado
venezolano a esta serie de ataques y revueltas, dejando como saldo
hasta el momento 36 muertos, cerca de 400 heridos y 1600 detenidos.
Ahora que la perorata del poder popular muestra su verdadera cara, es
momento de insistir en lo espontáneo de estas revueltas, y en que más
allá de las consignas en las que se verbalicen, son rupturas de la
cotidianidad, expresión quizás parcial e incompleta, de una clase
agotada de vivir y morir aplastada, ajena a su humanidad. Las diversas
formas en las que estas condiciones se presentan bajo los diversos
Estados no son más que las diversas caras de nuestra condición de
proletarios. Comprender esto es comprender que somos parte del mismo
ser, en tanto compartimos las mismas miserables condiciones de
existencia y portamos la capacidad para terminar esta situación.

Sitio web del boletín, para leer este y los número anteriores:
boletinlaovejanegra.blogspot.com

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